A inicios de este año pasé un par de días en un monasterio con una persona muy querida. A la segunda mañana, me fijé en un cuadrito que colgaba de una de las estancias por donde pasábamos. Rezaba llanamente: “el amor no pasa nunca”. Al verlo al principio, reconozco que me causó cierta incomodidad. Acababa de salir de una ruptura que me tenía bastante triste y al leer esas palabras sentí una pequeña quemazón en una herida que todavía estaba cicatrizando. Hablar de amar, del amor, me resultaba un ejercicio que remitía a un pasado anclado y que nada tenía que ver con el presente o lo futuro. Algo que debía permanecer sellado y sepultado como una reliquia para ser venerado por los siglos de los siglos. Días después, esta frase, que colgaba solemnemente del comedor donde nos reuníamos varias veces al día, terminó calando en cierta manera en mí. Le acabé echando una foto furtiva y me movilizó a considerar que, efectivamente, el amor no termina y hay siempre un nue...
Después de terminar mi rotación por CSM he transitado un tiempo de muchos cambios. Llevo meses queriendo escribir algo; sobre el ecuador de la residencia, sobre la marejada que me ha sobrevenido, sobre como pese a tanto vaivén me he ido encontrando cada vez mejor. Y sin embargo no ha sido hasta hoy, hasta ahora, que me he podido parar en frente del ordenador y sentarme a escribir estas palabras. Podría hablar acerca del paso a R3, de mi situación, de las teorías que he aprendido, de las rotaciones en las que he estado. Pero hoy quiero hablar sobre los tiempos de las personas. Y hablo de personas, en plural, incluyéndome a mi, a la gente que me rodea, a las personas que atiendo, a quien me lea. Creo que en estos dos años que llevo en Alcalá mi gran aprendizaje ha sido adquirir un profundo respeto por los tiempos de cada persona. No ha sido una ocurrencia propia, sino que me ha venido dado gracias a la gente con la que comparto mi quehacer cotidiano. Y, por supuesto, que ha llegado ...
Saliendo. El rostro feliz, cansado, un tono pálido que no se termina de clasificar. La ropa ligera y cómoda, en su uso adecuado. Es un retrato del movimiento. Escrito en brochazos que aún están aprendiendo. No hay elementos majestuosos, detalles trabajdos ni juegos de colores finos. Tan sólo la vitalidad del torpe movimiento. No tiene un fin, ahora lo veo. Porque su propia constitución está incompleta... Invita a entrar En los brochazos, manchones de pintura, desproporciones, también bonitos, el mar. Me veo caminando a la orilla del mar, en la arena. Me veo en la isla. Ése es mi retrato. Deitada a carón do mar, alá ao lonxe... Ese é o camiño. Del dragón a la biblioteca. De la biblioteca al mar. A paso rápido, a paso lento. A brochetazos. Un rato sólo, otro en compañía. El camino. Irse para volver. O Camiño. Miraidon. Quen mira e quen acompaña. Quen outorga posibilidades. De entrar e saír. De dentro e de fóra. Nin o gran final nin o inicio de cero. O camiño. Quero para sempre á miña ill...
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